Un Navalino de 92 años que vivió esos días en que Naval era Chile

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Campeón 5 veces con el ancla, fue a los Juegos Olímpicos de Helsinki ‘52 y recuerda nítidamente la velocidad de Pelé. El “Gringo” no necesita bastón para andar ni Google para recordar: está intacto y lleno de risa esperando un bisnieto.

“Me pagaban cien pes o s . Otras veces jugué por el sándwich y la bebida. Ese era el Naval y el fútbol de mis tiempos”, cuenta Arturo Nourdin. Luego mira una foto de Helsinki, repasa los nombres y confirma “sí, soy el único que va quedando”. Acaba de cumplir 92 años y está hecho un roble, sus recuerdos tampoco se han ido. “Todos me preguntan cómo lo hago para estar tan parado”. Es una leyenda, el más longevo de esa hermosa época del Regional.

Hoy vive en el sector Las Canchas, cerca del Hospital Naval, pero cuenta que “yo soy de Coronel, de Villa Mora. Jugaba en Vipla (“49-“50) y el profe Amadeo Silva, que conocía a mi papá, me fue a buscar a la fábrica. Naval era una potencia. Ahí estaban Roa, Pillado, Saavedra, mi compadre Weber, Quezada, después llegaron “Pinga” (Bravo) y “Zoquete” (González), que eran infantes de marina… Un equipazo. “Zoquete” cabeceaba la pelota 500 veces sin que se le cayera. Nunca vi algo así”.

Los nombra y sonríe, como recordando detalles de cada uno. Pasando lista. “Íbamos perdiendo por dos goles, nos reuníamos y lo dábamos vuelta igual. A veces la gente iba saliendo y el cañón les avisaba que estábamos remontando, que se quedaran. Era un grupo muy tallero, Alejandro Torres cantaba tango. Trotábamos por Tumbes, caminábamos por Talcahuano y la gente nos saludaba. El Morro se llenaba todos los partidos y después la gente se iba donde vendían vino. El hincha estaba cerquita de la cancha y uno escuchaba hasta las tallas”.

Cracks y olímpicos

Nourdin era defensor y le tocó anular a varios bravos. Al nombrar uno, inmediatamente, dispara que “Medel, wing izquierdo del Lord, era el más difícil de marcar”. Repasando otros duelos históricos, cuenta que “le ganamos una vez a Colo Colo, con los Robledo. Cuando fuimos campeones el ‘51, fuimos a jugar con Magallanes y ahí jugaba “Lucho” Méndez, que era bien famoso, y le ganamos 2-1. Ese Naval no perdía nunca, no nos gustaba. Creo que mi mejor partido fue el ‘51, un partidazo contra Caupolicán. Me salió todo y claro que ganamos”.

Estuvo en los Juegos Olímpicos de 1952, en Helsinki, y no olvida un solo detalle. “Éramos bicampeones con Naval y por eso nos designaron para representar a Chile… Le habíamos ganado varias veces a los profesionales. Lo malo es que en Finlandia, Tirado no puso a Naval, prefirió a los de Santiago. Lo desarmó todo y perdimos 5-4. Egipto no tenía tanto fútbol, pero eran muy rápidos. Corrían y corrían y los laterales nos pasaban. Después fuimos por un par de ciudades, jugó el verdadero Naval y ganamos”.

En su casa hay varios cuadros y medallas de esa gesta. Guarda una cámara fotográfica que se trajo de Finlandia. “Es para 32 fotos”, advierte, mientras hurguetea en sus cajas, como un niño que muestra su juguete de Navidad. Afuera, vuelan tordos. “Cantar el himno es impresionante, se me caían las lágrimas. Todavía duermo y me acuerdo de eso. Era impresionante ver edificios llenos de puras mujeres y ruinas, porque allá venían de la guerra. Había hoyos de bombas por todos lados. Recorrimos harto y también pasamos por Francia y España. También por Argentina, cuando murió Evita Perón”.

¿Y el más jugador más grande que vio? El “Gringo” destaca que “Pelé era extraordinario, lejos el mejor del mundo. Recuerdo cuando vino a El Morro, que lo veías en el arco de ellos y de repente estaba al otro lado metiéndole un gol a Cifuentes. Parece que volaba. Además, era sencillo, se sacaba fotos con todos y conversaba con la gente y los periodistas”.

Hoy, a los 92

Ubica a muchos en el puerto y él no pasa inadvertido. “La gente se acuerda de mí. “Ahí va el único del Naval que queda vivo”, me dijeron el otro día. Mis compañeros se fueron yendo de a poquito y los recuerdo a todos, éramos muy amigos. Weber era mi cuñado, gran puntero izquierdo. Yo me retiré con 27 años y me fui a trabajar al arsenal. Llegó gente más joven y no quise hacer taco. Trabajé 30 años ahí y hasta me mandaron a Puerto Williams a hacer un muelle”.

Le preguntan por su señora y responde rápidamente: “se fue hace 4 años y 6 meses”. Tiene contados hasta los días. “Fueron 56 años y 5 meses juntos”, aclara con ojos brillantes. “Tengo dos hijas, vivo con María Elena, y tengo 4 nietos. me gustaría un bisnieto, pero será cuando Dios quiera. Me cuido harto, no tomo, camino, juego brisca los viernes, voy a comprar, me junto con los ex compañeros y ahí recordamos mil cosas. Siempre hago algo. La risa también ayuda mucho, estar contento”, detalla.

¿Y qué le pasa al ver hoy al ancla? Nourdin confesó que “yo soy del Naval amateur. Con las sociedades anónimas cambió todo. Es como en el ‘Conce’, que llegó gente a puro sacar la plata. Hace rato no voy a El Morro, prefiero ver un partido de barrio, donde los cabros tienen más corazón. Quieren ganar y no les interesa la plata”.

fuente/diarioconcepcion

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