Estudio concluye que la Covid-19 es una patología vascular

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Académico de la UdeC explica que, si bien la principal manifestación clínica es una insuficiencia respiratoria, el Sars-Cov-2 daña a los vasos sanguíneos del pulmón.

¿La Covid-19 es una enfermedad respiratoria? Aparece como pregunta al superponer el conocimiento popular sobre cómo se transmite y manifiesta la infección causada por el Sars-CoV-2, concluyendo que es una patología vascular al comprobar que daña el aparato circulatorio a nivel celular, según reportó un artículo publicado, hace pocos días, en la revista “Circulation Research”.

Lo anterior, no sorprende a los profesionales de la salud y, tal vez, tampoco a quienes han padecido Covid-19, porque desde los inicios se vio que había varias complicaciones vasculares asociadas. “La principal manifestación clínica de la Covid-19 es una insuficiencia respiratoria: una neumonía”, resalta el doctor Nicolás Pavez, médico internista e intensivista del Hospital Clínico Regional Guillermo Grant Benavente (Hggb) y profesor asistente del Departamento de Medicina Interna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción,quien afirma que, sin embargo, “desde las primeras veces que nos enfrentamos a la enfermedad fue evidente que la neumonía que producía tiene un efecto en los vasos sanguíneos del pulmón”,estructuras a través de las que se transporta oxígeno hacia todo el organismo.

En la práctica ha implicado que en varios casos los pulmones funcionen muy mal, pese a verse bien en exámenes imagenológicos, advierte el especialista que también comenta que desde los momentos iniciales se evidenció en pacientes Covid-19 positivos la aparición de trombosis (formación de coágulos) en vasos sanguíneos del pulmón, corazón, cerebro o extremidades con consecuencias como dolor o riesgos cardiacos como infartos y accidentes cerebrovasculares. En efecto, podría haber pacientes sin manifestar complicaciones respiratorias y sí vasculares.

Todo ello, sostiene Pavez, “tempranamente alertó a la comunidad médica y sustentaba el hecho de que era una enfermedad vascular” y ahora tienen la confirmación dada por un estudio que probó el mecanismo exacto e identificó el papel de la proteína S del Sars-CoV-2 o espiga del virus, que forma su corona o envoltorio y se replica con diferentes métodos en todas las vacunas. Los científicos diseñaron un “pseudovirus” rodeado por proteínas S sin contener al virus real, eliminando su capacidad de replicación y , aún así, la exposición al agente generó daño en pulmones y arterias de modelos animales, demostrando que la proteína sola era suficiente para causar la enfermedad, hallando inflamación de las células endoteliales que recubren las paredes de la arteria pulmonar.

Certezas e interrogantes

Si bien el hallazgo da nuevas certezas, el doctor Nicolás Pavez cree que no va a influir en lo terapéutico en sí porque, al haber sido evidentes las manifestaciones, la sospecha y búsqueda de complicaciones vasculares junto con su manejo se hace. Sin embargo, afirma que es clave para sensibilizar, considerando que pese al tiempo que ha pasado se siguen realizando descubrimientos y quedan interrogantes, que falta mucho por conocer y entender de la enfermedad. “Llevamos un año y la cantidad de cosas nuevas que van pasando y se van sabiendo no deja de sorprender. En el hospital (Hgbb) llevamos 800 pacientes conectados a ventilación mecánica y cada uno sigue siendo novedoso. La mayoría parte similar, pero todos van teniendo distintas manifestaciones clínicas dado lo cambiante que es la enfermedad y, por ejemplo, no sabemos si las nuevas cepas tienen manifestaciones distintas”, plantea.

Las certezas e incertezas no hacen más que reforzar el llamado a no descuidar el autocuidado con las medidas básicas de quedarse en casa si es posible, usar mascarilla al estar con otros, mantener distancia física de un metro y el lavado o desinfección constante de manos, además de vacunarse cuando corresponda. Esto, de cara a leves mejorías tras los peores momentos de la crisis en Chile, avances en los desconfinamientos y en la vacunación masiva que podrían generar una falsa sensación de seguridad y control que aún no llega. Para el médico ello es, sobre todo, un acto de amor propio y de empatía, porque protegerse a sí mismo es proteger al entorno y principalmente los más vulnerables por sus factores de riesgo o que no han podido ser vacunados, como infantes para quienes aún no hay vacuna aprobada y si presentan comorbilidades como obesidad, diabetes o asma son población de riesgo.

fuente.diarioconcepcion.cl

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